No soy nada. No. Quise inventarme otra identidad. Catastrófico cual atleta ebrio contra una valla. Sucia, muy sucia, hipócrita y abochornada, desde hace años regañada con mi moral.
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían. Era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en una masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranitas patalearon con fuerza en la nata tratando de llegar al borde del recipiente. Pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse una y otra vez. Sentían que a cada momento era más difícil salir a la superficie y poder respirar. Una de ellas finalmente dijo en voz alta: “No puedo más, es imposible salir de aquí, en esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo el sentido que tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.” Y dicho esto, dejó de patalear. Se hundió con rapidez. Fue literalmente tragada por el espeso líquido blanco. La otra rana, más persistente, o quizás más tozuda, se dijo: “No hay manera, nada se puede hacer para avanzar en esta cosa, sin embargo, aunque sé que se acerca la muerte, prefiero luchar hasta el último intento, no quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora.” Y con esta idea siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, de tanto agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla. Sorprendida, la rana dio un salto y patinando llego al borde del recipiente desde allí saltó al camino y regresó a su casa croando alegremente. Jorge Bucay
Imagino que alguna vez os habreis preguntado por qué el Orgullo Gay es en estas fechas y no en otras. Lo cierto es que la fecha real es el día 28 de junio, que se lleva celebrando desde 1969. Aquel día en Nueva York un grupo de lesbianas, gays y transexuales se rebelaron contra opresión a la que estaban siendo sometidos cuando la policía entró, una vez más por la fuerza, en un local muy frecuentado llamado "Stonewall".
"Durante años habían huido, habían permitido que los pusieran contra la pared, habian soportado el acoso y las detenciones porque, en sus corazones, creían que aquél era su destino, pero la noche del Stonewall tomaron la decisión instantánea y desesperada de que ya habían tenido bastante. Aquellos "mariquitas" tiraban piedras y botellas, se enfrentaban con manos desnudas a la fuerza pública de Nueva York. Desafiaban a las porras a que les machacaran el cuerpo. Observé todo aquello con una rabia y un dolor crecientes (...). Y entonces ocurrió algo sorprendente. Tenía una piedra en la mano y la lancé con la misma puntería mortal que un marine lanza una granada."
1 comentario:
la moral no existe, preguntale a nietzsche
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