viernes, 15 de agosto de 2008

Inoportuna

Ya que vamos a pasar temporadas juntas, te propongo que nos vayamos conociendo. Sinceramente, me caes de culo. Pero bueno, ven a que te enseñe mis cicatrices.
Esta del pie, tan lejos, es de pequeños crueles. Por su culpa cojeo de vez en cuando, pero a penas la hago caso.
Las de la espalda, alguna más grande que otra, son de desengaños y mentiras. Esas no me duelen, son las mejores porque son las que me enseñaron a mantenerme erguida.
El corazón está cosido de cabo a rabo... pero de vez en cuando se suelta algún punto que escuece mucho y necesita bastantes lágrimas para cicatrizar.
En la cabeza no es fácil curar las heridas, por tu culpa se abren y se cierran solas cuando quieren. Tan orgullosa ella, no quiere puntos... así que me conformo con ponerle tiritas que de vez en cuando tengo que cambiar. Si no la cuido mucho, crece la herida y se extiende a su antojo, desparramando las anteriores cicatrices, y tengo que empezar de nuevo a curarme todas las heridas. Además, la cabeza es íntima del punto que se suelta en el corazón, que cuando es alcanzado por el escozor, la cabeza toma posesión del corazón y éste siente cosas que cuando estaba sano no sentía, así que, creyendo tener la razón, pone el mundo patas arriba y hace daño a otros corazones bonitos e inocentes. Cuando vuelve en sí, el arrepentimiento lo embarga, y la cabeza también lo siente. Ésta se arrepiente y llora desconsolada y totalmente aterrorizada por una soledad inminente que no hay ni tirita ni venda que pueda remediar.
Por ese arrepentimiento, tengo un continuo picor que sólo se calma cuando otro Corazón Amigo, anteriormente dañado, lo perdona y viene con amor a secar las lágrimas, besar las heridas y cicatrices y calmar los picores con abrazos.







Te amo

1 comentario:

Mr. Adam dijo...

Maravilloso.
Las metáforas son clamantes excelentes para las heridas.