lunes, 4 de agosto de 2008

Como un juego de roll

La zona de la hemeroteca siempre fue la que más me gustó de la biblioteca. Montones de revistas y periódicos que van siendo renovados con mucha frecuencia, la justa para que me agobie no tener tiempo para leer todos los artículos que escriben expertos en diversos temas. Qué genial sería publicar en una de éstas de Historia que hay sobre la mesa.
Me vine aquí porque no me agobia la presión, el tiempo pasa rápidamente con unos ojos llenos de curiosidad.
Lo cierto es que escribo para enfrentarme a mí misma, a mi miedo a escribir. Ahora escribo para conocerme, para ver si estoy tan loca o no. La locura debería salir por algún sitio. Me da miedo estar fingiendo durante toda mi vida. Finjo por todo. Finjo a mi madre, quizá si tuviera menos presión sí llegaría a hacerme más masculina, un miedo que se convierte en pánico. Quizá si no hubiera tenido que justificarme en tantas ocasiones sobre mi lesbianismo, ahora no sería lesbiana. Porque ya no sé si soy lesbiana. Cuando por primera vez probé, ella provocaba, me introducía en un círculo encantador del que nunca quería salir, me sentí como nunca me había sentido. Bueno, vale, cierto es que quizá, dada mi fealdad, gordura, bordería, falta de gracia natural y el miedo al rechazo y fracaso (causados quizá por una vergüenza a mostrar los sentimientos por unas risas que seguramente no pretendían ser maliciosas en el entorno familiar, o la crueldad intrínseca de los nenes guays) nunca me había sentido deseada por alguien. La sensación fue tan agradable que pensé que el lesbianismo era lo mío, porque alguien se detuvo a mirar más en mi interior.
A raíz de ahí apareció Maca, quien marcó verdaderamente un antes y un después. Y no sólo lo que la serie mostraba, sino lo que yo investigaba a causa de ella. Se vendió una magnífica parodia de amor idílico que junto a otras influencias, me hizo desarrollar un orgullo lésbico desaforado. Mi mundo empezó a girar en torno al lesbianismo, a la homosexualidad en general.
Mi vida, hasta el momento prácticamente inactiva, cobró sentido. Tenía nuevos amigos a los que confiar mi secreto, era recíproco. Hubo un entorno de amistad y comprensión que ahora no sabría decir si eso era lo que me atraía de la homosexualidad, o las mujeres en sí.
Luché, sufrí, amé, disfruté, comprendí cómo funcionaba el mundo, y en torno a ese núcleo central desarrollé mi personalidad. Una personalidad inestable, mucho más insegura de lo que aparentaba (o pretendía aparentar), y que está acojonada de haber estado metida en este embrollo. Hay veces que apetece ya no luchar, porque sí es cierto que la lucha es dura, aún no habiendo padecido el más mínimo sufrimiento del tipo que mi madre teme. Hay algo que quiero averiguar, que es qué me pudre el alma y me lo muestra cuando a solas escribo sólo para mí misma. Miedo a fracasar. Inseguridad, horror a que se rían de mis esfuerzos. Que se rían porque antes no ligaba nada (ni ahora), no coger Historia porque la gente piense que me moriré de hambre, llegar a pasar muy malos momentos para dejar Turismo y meterme finalmente en Historia y que la gente piense que he perdido un año a lo tonto. Hasta el punto de pasar vergüenza en el momento de reconocer que la máquina se me ha tragado 1,20€ y decirle a la persona que te acompaña y te quiere que no vuelves con agua porque se te quitó la sed.
Un horroroso miedo al fracaso que me invade hasta el punto de que meterse en el armario está siendo mucho más laborioso que salir de él, porque ahora es cuando toca reconocer que todo lo que luché es fruto de un pavor al fracaso, que antes mis problemas los podía justificar con un: es que como soy lesbiana, la gente no me comprende y yo sufro. Lo fácil sí fue declararse lesbiana. Lo difícil ahora es explicar por qué lo soy, o no lo soy. Las etiquetas no son para mí, no me dejan respirar. No muestran lo que yo soy, sino que soy lo que soy en función de lo que me muestra la etiqueta que un día me coloqué. Como un juego de roll.

1 comentario:

Mr. Adam dijo...

dios mio... totalmente de acuerdo.
(en estos instantes te estoy amando xD)

Las etiquetas solo sirven para poner precios a las cosas de los supermercados, de resto, nosotras somos lo que queramos ser y yastá.

:)