jueves, 24 de julio de 2008

Despedida

Ahí estaba yo, destrozada, llorando amargamente por la mala suerte que me rodeaba. Aun sentía el olor de su piel, el calor de sus manos enmarcándome la cara, la tranquilidad con que retiraba las lágrimas de mi rostro. Me decía que no me preocupara, ue pronto volveríamos a estar juntas, para siempre. La soledad me embargaba, era demasiado cruel la impotencia que me impedía ayudarla y muy dolorosa la serenidad que ella mantenia aun sabiéndose a punto de emprender el viaje definitivo.
Juntas pasamos muy duros momentos, pero apoyándonos la una en la otra seguimos adelante, ¿qué iba a ser de mí sin ella? "Siempre te amaré" repetía dulcemente una y otra vez. Abrazada a ella con mi cabeza sobre su pecho, se marchó. Aun mantenía una leve sonrisa de satisfacción y corría una mínima lágrima de felicidad por su suave y ya interte mejilla.
Temblando acerqué mi cara a la suya y le di el más tierno beso en los labios. Lo que a continuación sucedió cambió el resto de mis días. Ella vino a mí. Vino con fuerza, con vitalidad, a la vez que con tranquilidad y templanza, y se instaló en mi cuerpo. No volví a sentir pena, ella estaba aquí conmigo, como me aseguró, juntas para siempre.

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