jueves, 24 de julio de 2008

Llovía

Acaloradas por la carrera que acabábamos de darnos y empapadas por el chaparrón que nos había caído, no podíamos hacer más que reirnos a carcajadas. Nos sentamos en el suelo para recuperarnos mejor mientras aun comentábamos la jugada. Me quedé observándola: estaba guapísima con el pelo mojado cayéndole por la cara y haciendo inútiles esfuerzos por estrujar la camiseta, mientras aun seguía riendo.
Quise mirar a otro lado porque no quería pensar en lo mucho que esa escena me estaba gustando, pero no pude, estaba como hipnotizada. Se levantó para colocarse la ropa, mientras buscaba algo en lo que verse reflejada y peinarse, mientras me hablaba de cosas de las que no me enteraba porque yo ya había desconectado.
Me estaba dando hasta vergüenza mirarla. Se sentó de nuevo conmigo y estuvimos un rato en silencio. Me miró y me preguntó por qué me había quedado en silencio de pronto a la vez que me cogía la mano. Yo no supe qué decirle, estaba de pronto aturullada con mis propios pensamientos, así que me limité a seguir mirándola y decir "no sé" mientras con mi mano libre le apartaba el pelo de la cara. Con su otra mano me cogió ésta también y me la besó. Yo no entendía muy bien qué estaba pasando, pero resultaba tan agradable que simplemente me dejaba llevar por la magia del momento. Estuvimos sentadas contra la pared y en curbierto largo rato. Yo sólo oía el ruido de la lluvia caer y sentía el calor de sus manos sobre las mías. Estuvimos mirándonos como nunca lo habíamos hecho, por primera vez observábamos realmente nuestras facciones y rasgos. Lejos de ser incómodo este momento, era muy dulce. Ella comenzó a acercarse, y cuando estuvo lo suficientemente cerca me dio un suavísimo beso en el mentón y, abrazándome, se apoyó sobre mi pecho.