jueves, 31 de julio de 2008

Anoide, una historia de celos, pasión y cordura

Acompasado, sencillo, directo al corazón, tan trascendental para unos, raro para insensibles. Cargado de significación para una persona que luchaba por entender este mundo tan ajeno a ella. Despacito, luego rápido tocaban las notas del clavecín y la abstraían a un mundo que se difuminaba a su alrededor.
Lo cierto es que no sufría en este exilio, se compadecía de los que decían simplemente no entender. "If it´s a crime I am guilty, guilty of loving you". Se divertía viendo cómo la gente era capaz de creerse la historia de Pretty woman y encima enternecerse porque al final el rico se va con la ramera, y no se crea que Marta Sánchez está poseída por un extraterrestre que quiere conquistar la Tierra.
Hombre, yo no digo que la chica fuera del todo normal, no, (no Marta Sánchez, que definitivamente es anormal de cabeza a culo y de culo al suelo, sino nuestra protagonista de ano galáctico) porque si cuando una declara ser perfecta su madre incendia dos veces la casa, se tira por el hueco de las escaleras y luego se lanza a la jaula de los leones, pues oiga, una se traumatiza un poco.
Como estas cosas son hereditarias, no culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la madre, será que también estaba loca. Pero no una locura habitual, en plan "¡oh Dios, soy bisexual y la bisexualidad no existe!, entonces ¿¡qué hago comprando el pan si estoy a punto de desintegrarme!?", no, era más en plan bipolaridad, que una vez leyó que Cary Grant (del cual estaba secretamente enamorada) era gay y bipolar, y la verdad, lo vio tan glamouroso que se jactaba de tener muchas más cosas en común con él que el resto de terrenales y de lesbianas.
Haciendo gala de una personalidad que cada día le sorprendía con incoherencias más extrañas, soñaba con que Luis Miguel viniera a cantarle carameladas, aunque luego se hartara a decir lindezas del orden de ilusa, so perra, superficial o ignorante a aquel que se atreviera a decir que en el 14 de febrero hay amor. Es que era snob. Igual que su lesbianismo teórico, inflexible e idílico.
En fin, ella estaba convencida de tener un par de expectros o tres que se trasladaban con ella a todas partes, modificaban su realidad caprichosamente y se comunicaban con ella todos los días de varias formas, a saber: metiéndose en su radio para mandarle mensajes de vez en cuando, haciéndole despertar "espontáneamente" con un ñiñiñi a tiempo cuando el despertador se trababa, o echando una manita cuando se va a descubrir que trae "amiguitas" a casa cuando El Jefe dejó claro que a La Gran Jefa le disgustaría descubrir el papelón, mediante un oportuno atasco que da tiempo a que disimuladamente su presa huya de casa.
Total, que ella vive convencida de su inmortalidad a cambio de que los cabroncetes la posean de Pascuas a Ramos, con la consiguiente cura del humildad tras hincar la cabeza sin pillar ni la liebre ni el billete de Bin Laden.

jueves, 24 de julio de 2008

Llovía

Acaloradas por la carrera que acabábamos de darnos y empapadas por el chaparrón que nos había caído, no podíamos hacer más que reirnos a carcajadas. Nos sentamos en el suelo para recuperarnos mejor mientras aun comentábamos la jugada. Me quedé observándola: estaba guapísima con el pelo mojado cayéndole por la cara y haciendo inútiles esfuerzos por estrujar la camiseta, mientras aun seguía riendo.
Quise mirar a otro lado porque no quería pensar en lo mucho que esa escena me estaba gustando, pero no pude, estaba como hipnotizada. Se levantó para colocarse la ropa, mientras buscaba algo en lo que verse reflejada y peinarse, mientras me hablaba de cosas de las que no me enteraba porque yo ya había desconectado.
Me estaba dando hasta vergüenza mirarla. Se sentó de nuevo conmigo y estuvimos un rato en silencio. Me miró y me preguntó por qué me había quedado en silencio de pronto a la vez que me cogía la mano. Yo no supe qué decirle, estaba de pronto aturullada con mis propios pensamientos, así que me limité a seguir mirándola y decir "no sé" mientras con mi mano libre le apartaba el pelo de la cara. Con su otra mano me cogió ésta también y me la besó. Yo no entendía muy bien qué estaba pasando, pero resultaba tan agradable que simplemente me dejaba llevar por la magia del momento. Estuvimos sentadas contra la pared y en curbierto largo rato. Yo sólo oía el ruido de la lluvia caer y sentía el calor de sus manos sobre las mías. Estuvimos mirándonos como nunca lo habíamos hecho, por primera vez observábamos realmente nuestras facciones y rasgos. Lejos de ser incómodo este momento, era muy dulce. Ella comenzó a acercarse, y cuando estuvo lo suficientemente cerca me dio un suavísimo beso en el mentón y, abrazándome, se apoyó sobre mi pecho.

Despedida

Ahí estaba yo, destrozada, llorando amargamente por la mala suerte que me rodeaba. Aun sentía el olor de su piel, el calor de sus manos enmarcándome la cara, la tranquilidad con que retiraba las lágrimas de mi rostro. Me decía que no me preocupara, ue pronto volveríamos a estar juntas, para siempre. La soledad me embargaba, era demasiado cruel la impotencia que me impedía ayudarla y muy dolorosa la serenidad que ella mantenia aun sabiéndose a punto de emprender el viaje definitivo.
Juntas pasamos muy duros momentos, pero apoyándonos la una en la otra seguimos adelante, ¿qué iba a ser de mí sin ella? "Siempre te amaré" repetía dulcemente una y otra vez. Abrazada a ella con mi cabeza sobre su pecho, se marchó. Aun mantenía una leve sonrisa de satisfacción y corría una mínima lágrima de felicidad por su suave y ya interte mejilla.
Temblando acerqué mi cara a la suya y le di el más tierno beso en los labios. Lo que a continuación sucedió cambió el resto de mis días. Ella vino a mí. Vino con fuerza, con vitalidad, a la vez que con tranquilidad y templanza, y se instaló en mi cuerpo. No volví a sentir pena, ella estaba aquí conmigo, como me aseguró, juntas para siempre.

martes, 22 de julio de 2008

Quién me iba a decir

La vida da muchas vueltas... los que creías que eran tus amigos tras años descubres que les invade un egoísmo que creías que no tenía cabida en la amistad... y otra gente a la que habías dado por perdida te apoya desinteresadamente y con una intensidad que te hace hasta sentir en deuda con ellos, te hace estar totalmente agradecida y te da ánimo mientras recobras la esperanza. Hay un rayito de luz.
Gracias

domingo, 6 de julio de 2008

La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquitudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladra los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá.
Ruiz Zafón, El juego del ángel.